A momentos suelo toparme con la Luna, esa maravillosa esfera plateada que alzada inunda con su luz la angosta oscuridad nocturna.
Llama y guía a la niña que dentro de mí se niega a desaparecer, la lleva por caminos insospechados, caminos que yo... jamás veré.

Hoy la Luna me dirigió su mirada, me habló... llenándome con su magia, inundando mi retina con su luz y los recuerdos que yo (tonta de mí...) asocié a su imagen.
La Luna... portadora de tantas ilusiones... Luna, regalada y conquistada, Luna... secuestrada.
Y a ti que me lees, te aconsejo: no regales algo que sepas anclado a tu alma. Mi Luna original se perdió y sí, a veces me visita, sólo a veces vuelve a conquistarme y me reenamora con su mágica esencia, poderosa presencia la suya... hipnótica, embaucadora... sincera.

Hoy o ayer... según se mire, en ese momento indescriptible justo antes del alba, sus rayos se filtraron entre las cañas de bambú plantadas frente a mi ventana, vacilaron unos segundos antes de entrar por la ventana abierta, invitada y sabiéndose bien recibida, iluminó mi almohada, mi cuello, mi pecho, mis brazos... y yo, que sin saber cómo desperté, me topé con su luz, cálida y soporífera... Y de nuevo, inundada de recuerdos visualicé una mirada perdida, quien sabe si alguna vez puesta en mi imagen.

"Porque me secuestraste la Luna, el corazón, mis pensamientos, la palabra, mis ilusiones, la mirada... secuestraste a una niña, la misma niña que hoy por hoy camina de tu mano"