¿Miraste la luna estos últimos días? Bella como nunca, bella y triste…

Hace tan sólo un par de noches volví a quedar clavada ante la puerta, contemplando el anaranjado de una luna no del todo desconocida. Me envolvió la calidez auguradora de un mal no lejano… el miedo, ese viejo conocido… y el desdichado recuerdo de aquellos anocheceres en los que abracé una ilusión.

Se adueñó de mí la nostalgia, la desgana, un profundo desaliento que me dejó sin aire. Tu imagen volvió a mi recuerdo acompañada de un deseo: volver a sentirte recorriendo los mares que un día me ahogaron.

¿Qué le has hecho a mi luna? Ya no sé mirarla sin despreciar su presencia, ya no amo su esencia, ya mi esencia no acompaña sus noches, ni las tuyas, ni nada que a día de hoy lleve tu nombre.
Mi luna… amiga y enemiga, portadora de un desgarrante y atormentador sosiego. Luna ausente, abandonada de niña, creciente… Luna, ¿por qué yo? Sólo dime… ¿una ilusión?